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El salario emocional

Publicado en: Diciembre 2017

Todos trabajamos para percibir una aportación económica: ponemos nuestras habilidades al servicio de una organización. También deseamos realizarnos a través de nuestra labor, sentir que contribuimos a un proyecto trascendente, constatar que participamos en acciones que benefician a nuestra comunidad y pertenecer a un equipo donde se nos reconozca, se nos valore y se nos dignifique como seres humanos, no solo como colaboradores. En resumen, buscamos la  estabilidad y felicidad laboral.

La ciencia ha demostrado que las personas felices son más saludables y, por tanto, más productivas. Conscientes de ello, las empresas vanguardistas incorporan a sus acciones de reclutamiento y atracción de talento lo que ahora recibe el nombre de salario emocional, que es un conjunto de recompensas que otorga la marca empleadora que refuerza el compromiso de los colaboradores hacia la compañía y fomentan los ambientes más óptimos para su desarrollo.

La posibilidad de trabajar desde casa, horarios flexibles, el reconocimiento, apoyos para estudios, salas de recreo o ejercicio, campañas de salud, actividades de voluntariado o convivencia, guarderías, torneos deportivos y celebraciones son algunos ejemplos de salario emocional, mismo que se ha convertido en una estrategia para retener el talento y contar con equipos motivados.

Las nuevas generaciones buscan y exigen estímulos que en nada se relacionan con el salario y que, no obstante, agregan mucho valor cuando seleccionan a una organización para integrarse a sus filas y cuando deciden permanecer en ella, aunque tengan otras ofertas laborales más redituables en puerta. Por lo que un salario no garantiza su permanencia dentro de una compañía ni un óptimo desempeño en su trabajo, si llegan a sentirse insatisfechos con la cultura, el ambiente laboral o las oportunidades de crecimiento. 

La forma en la que se vivan los valores institucionales también juega un papel fundamental en el salario emocional que las organizaciones ofrecen a sus colaboradores, pues permite que éstos se sientan identificados con la filosofía, la misión y la cultura organizacional de la empresa en la que laboran, genera un mejor ambiente de trabajo y permite a los trabajadores entender mucho mejor el rumbo que llevan sus actividades diarias.

Sin importar en qué consista el salario emocional que una corporación proponga, el punto focal siempre debe ser el individuo, sus intereses y su más alta satisfacción. “No solo de pan vive el hombre” dice el viejo adagio que, traducido a nuestro idioma de negocios, significa que los colaboradores necesitan ingresos, pero también aprecian las motivaciones destinadas a su mente, su cuerpo y su mundo afectivo. Es el espíritu el que se enriquece, no el bolsillo. El individuo vive experiencias significativas en su entorno laboral, más allá de lo que reporta su estado de cuenta bancario, y entonces se muestra dispuesto a ofrecer su más pura lealtad a su empresa.


A través de un buen salario emocional, la empresa también logrará disminuir la rotación de personal y el ausentismo, lo que se traducirá en la reducción de costos administrativos.

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