Un ambiente laboral saludable es aquel en el que se presta especial y permanente atención al bienestar integral de cada colaborador, que incluye su salud física, psicológica y emocional, con la intención de que se desarrolle a su máximo potencial.

Es responsabilidad de los líderes observar que su equipo de trabajo se desempeñe en un entorno óptimo durante el tiempo en que está disponible para la empresa y por el cual percibe un salario. A pesar de que existen giros comerciales e industriales que entrañan ciertos peligros, las organizaciones están obligadas, por ley y por ética, a proveer todas las medidas preventivas posibles para preservar la vida y la salud de su personal, bajo esquemas específicos de riesgos calculados y las políticas que privilegian la seguridad sobre cualquier otro objetivo.

Un colaborador sano es un colaborador productivo. Cualquier alteración en su homeostasis provocará trastornos en su conducta y en su rendimiento, de forma que toda empresa fundamentada en la psicología positiva procurará la permanencia de ese delicado equilibrio fisiológico, mental y emotivo de sus colaboradores, no solo en aras de mantener tendencias ascendentes de productividad sino porque en verdad se interesa por ofrecer la mejor calidad de vida laboral a los individuos que la componen.

¿Y cómo puede un líder saber cuáles son las condiciones ideales de trabajo para cada integrante de su equipo? La respuesta reside en el contacto continuo, la comunicación, la cercanía. La única manera de detectar un ambiente tóxico, condiciones inadecuadas, situaciones dudosas o recursos insuficientes es estar allí, hacerse presente, observar señales, escuchar, preguntar, evaluar qué necesita cada quien.

El simple hecho de constatar que los niveles ejecutivos y directivos se involucran de manera activa en su experiencia cotidiana para mejorarla produce cierto alivio a las posibles incomodidades de los colaboradores y los convence de lo importantes que son para la corporación. Al saberse valorados de esta manera, ellos responderán con un compromiso reforzado hacia la empresa que reditúa en su ejecución profesional.

Cuando un empleado sabe que su institución lo cuida y actúa para brindarle los medios necesarios para que realice su trabajo de forma cómoda y segura, puede enfocar su atención y su intención en la responsabilidad que le ha sido asignada para el logro de las metas de su equipo. ¡Y así, todos ganan! Destinar un presupuesto a la salud integral del personal es una decisión sabia que ofrece dividendos tangibles y lo contrario también es cierto; solo hay que observar lo costoso que resulta un empleado enfermo para cualquier compañía.

La salud, como concepto holístico, es fértil. Es un terreno preparado para recibir las mejores semillas y ofrecer los mejores frutos. ¿No es eso lo que toda empresa desea? 

La salud en el trabajo

Publicado en: Noviembre 2017

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