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Colaboradores tóxicos

Para esta categoría no caben eufemismos: los colaboradores tóxicos son aquellos que no solo no cumplen con sus responsabilidades, sino que entorpecen la labor de su equipo de trabajo y contaminan el clima organizacional. Con intención o sin ella, estas personas sabotean los esfuerzos colectivos y obran en contra del progreso de la empresa.

Como enfermedades silenciosas, estos individuos pueden pasar inadvertidos al principio y provocar síntomas confusos que compliquen su identificación. No obstante, una vez detectados, es preciso invitarlos a buscar nuevos horizontes fuera de la compañía porque su conducta ya no es aceptable y no existe ningún beneficio mutuo en esa relación laboral. Por el contrario, la relación da muestras de desgaste que pueden ser y son muy perjudiciales para todos los involucrados.

De nuestra destreza como líderes depende conocer a profundidad los motivos que dieron origen a esa toxicidad. Recordemos que esa persona ingresó a nuestra corporación porque cumplía con determinado perfil y se le consideró idónea para el puesto que se le ofreció, además de que se alineaba con la cultura organizacional. ¿A qué se debió el cambio? ¿En qué momento perdimos su lealtad? ¿Cometimos un error al reclutarla? ¿O el error se presentó a lo largo de su estancia en nuestra empresa y no lo corregimos a tiempo? No hablamos aquí de asignar culpas sino de reconocer responsabilidades y aprovechar las enseñanzas que esa experiencia nos brinda.

Toda relación se compone de diversas partes. Si la relación prospera es gracias a las acciones y actitudes de esas partes. Si la relación fracasa, también. Un análisis detallado permitirá conocer el punto de quiebre y utilizarlo como oportunidad de aprendizaje. Aquí cabe mencionar también que las relaciones de todo tipo son cíclicas. Muchas de ellas, por fortuna, se renuevan y enriquecen con el transcurso del tiempo. Otras terminan su ciclo y finalizan. Es preciso reconocer cuando esto sucede, dar un cierre positivo a esa relación y abrirnos a lo que está por llegar.

Este momento del cierre es fundamental. Ese colaborador, que ahora consideramos tóxico, nos ofreció lo mejor de su talento y tenemos que agradecérselo. Es probable que su partida sea necesaria, pero podemos facilitar este trance con profesionalismo y, sobre todo, con calidad humana. Destaquemos sus cualidades, ofrezcamos apoyo, hagamos que la despedida no sea un evento penoso sino un punto de partida para un mejor porvenir. 

Nuestro interés principal siempre será preservar la armonía al interior de la empresa para fomentar su más alto desempeño, además de recuperar el equilibrio en el clima laboral. Muchas veces estaremos obligados a tomar decisiones difíciles; no obstante, la persona que se marcha debe sentir que se le respetó hasta el último instante y que sus aportaciones a la empresa son valoradas. 

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Publicado en: Agosto 2018