by TOP Companies

Publicado en: Julio 2018

En la actualidad nos enfrentamos a un innegable e inevitable choque generacional: los millennials (nacidos entre los años 1980 y 1999) y centennials (nacidos del año 2000 en adelante) comienzan a integrarse a los equipos de trabajo y cada vez conquistan más puntos porcentuales de la fuerza laboral. A diferencia de sus predecesores, la generación X (nacidos entre los años 1965 y 1979) y los baby boomers (nacidos entre los años 1946 y 1964), estos grupos humanos son enemigos natos de la rutina y no están dispuestos a someterse a autoridades que no merezcan el poder que ostentan.

A pesar de no ser revolucionarias por definición, estas generaciones pueden promover cambios importantes dentro de las compañías porque desafían los paradigmas establecidos en varios sentidos. Por ejemplo, ellos son de naturaleza digital y tienen cualquier información a su alcance, pueden desempeñar varias funciones a la vez y gozan de una visión más amplia de la realidad. Esto les permite ser incluyentes, hacer propuestas novedosas y promover una consciencia de responsabilidad social, ecológica y global.

Los millennials y centennials creen en el valor de los equipos y también en el valor de las personas que los integran, de manera que no les atemoriza compartir la responsabilidad de optimizar los procedimientos para alcanzar las metas organizacionales, aunque esto signifique toda una reformulación en las maneras de trabajar.

La motivación de los líderes millennials y centennials se orienta hacia el bien común y, cuanto más expansivo, mejor. Si bien es cierto que carecen de experiencia, como cualquier individuo que incursiona en la vida productiva, renuevan sus impulsos si sus logros son reconocidos de forma constante y honesta. Recordemos que son adictos a los “likes” en las redes sociales, el ambiente al que pertenecen y en el cuál se desarrollan en términos psicosociales y emocionales.

Las generaciones previas, nacidas de la postguerra y sobrevivientes de crisis graves, encuentran en la rutina un espacio seguro donde se sienten protegidos y les proporciona los medios para vivir, además de obtener cierto estatus, posesiones materiales y nombramientos. Nada de esto hace sentido para los millennials y los centennials, así que el discurso para ellos tiene por fuerza que responde a sus intereses reales. Como en los videojuegos, los jóvenes líderes potencializan sus talentos ante los desafíos, uno tras otro, siempre más. Ellos ya nacieron libres de los miedos de sus padres y abuelos, incluso el miedo al fracaso. Para ellos, fracasar es no intentarlo.

Sangre nueva llega a las empresas. Démosle la bienvenida, reconozcamos sus cualidades e integrémosla. Si establecemos límites claros, si motivamos su compromiso con apertura hacia su creatividad y si les enseñamos en lugar de reprimirlos, los millennials y centennials pueden señalar nuevos rumbos de crecimiento para nuestras organizaciones.

Liderazgo millennial y centennial

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