Cuando nos encontramos en un proceso de reclutamiento, debemos tener presente que la selección de los candidatos depende, en gran medida, de que sus valores personales coincidan con la Cultura de la organización o, en su defecto, que puedan asimilarse a ella de forma sencilla y natural.

Analicemos un ejemplo: si una persona cree en el trabajo en equipo y en el logro de objetivos colectivos, será asimilada de inmediato en una empresa que funcione con base en esta estrategia; a diferencia de otra persona más motivada por los triunfos individuales, con, sin y a pesar de los grupos con los que se relacione.

Ninguno de estos rasgos de personalidad es negativo; solo es la exposición de dos situaciones distintas que, como líderes, debemos contemplar para obtener de cada una de ellas el máximo provecho para nuestra empresa.


Cuando damos la bienvenida a un nuevo colaborador debemos procurar establecer una sinergia de beneficio mutuo basada en el compromiso. Hagamos una pausa aquí, pues nos referimos al compromiso en dos sentidos: compromiso hacia su colaborador, en tanto cumplir con determinadas funciones a cambio de un salario, y también compromiso con la empresa, con su crecimiento, con sus metas, con su gente y, desde luego, con su éxito.

Desde esta perspectiva, esta persona comprenderá la importancia de sus aportaciones en los resultados corporativos y sentirá como propio el éxito de toda la organización. Esta satisfacción es directamente proporcional a su compromiso. Aquí es donde el ciclo se cierra y marca el inicio de otro, donde el compromiso es cada vez más fuerte.

 Nuestro objetivo debe ser contar siempre con gente cuyos valores coincidan con los de nuestra organización, se complementen y se enriquezcan a partir de su experiencia en ella. De esta manera, ambas partes ganan y esta ganancia marcará siempre una tendencia ascendente.

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Publicado en: Octubre 2018

by TOP Companies

El ciclo del compromiso