Publicado en: Enero 2019

Durante gran parte de la historia el ser humano buscó agruparse con individuos semejantes y crear comunidades con cultura, usos, costumbres y territorios propios. Con el paso del tiempo la cohesión se fortaleció en ellas, a tal grado que rechazaron todo lo que consideraran distinto.

No obstante, la humanidad siempre se ha trasladado de un lado al otro en busca de mejores condiciones de vida e impulsada por su instinto de supervivencia. Esta movilidad propició la convivencia entre grupos que más tarde comenzaron a mezclarse. La humanidad se ha tomado su tiempo para comprender que es inevitable, incluso necesaria.

Por otra parte, los preceptos morales han evolucionado y tienden a globalizarse. Lo que antes era inadmisible poco a poco ha logrado insertarse en nuestra cotidianidad. La transición ha sido complicada, pero, vista en perspectiva, no muestra intenciones de retroceder y, por el contrario, sigue avanzando sin miras a detenerse.

Este cambio de mentalidad nos ha permitido abrirnos a la diversidad para descubrir, con gran sorpresa, su enorme valor intrínseco y su aplicabilidad en nuestros procesos productivos y de generación de propuestas innovadoras. De la combinación de elementos aparentemente antagónicos o incompatibles han nacido fórmulas exitosas que desafían los más arraigados paradigmas y revelan posibilidades asombrosas. Esta es una aplicación práctica más del axioma aristotélico “el todo es más que la suma de sus partes”.

Una vez que la diversidad ha sido aceptada, el paso siguiente es la inclusión; es decir, integrar este término a nuestros ambientes y aprovechar al máximo lo que de ello deriva. En el ámbito empresarial, la inclusión empezó por ser impensable, luego fue opcional y ahora es obligada, incluso por ley. La discriminación ya no indica prestigio sino estrechez y provoca condena social que, llevada a su extremo, es una sentencia de extinción.

Al cierre del 2018, observamos que el 97% de las Súper Empresas desarrollan e implementan políticas, prácticas y programas en temas de diversidad e inclusión. Con ello incentivan la retención y desarrollo de talento, por lo tanto, elevan la competitividad de sus organizaciones.

De este porcentaje el 56% puntea alto en este factor, de manera que aún nos encontramos en el camino de hacer una realidad cada vez más tangible contar con una Cultura que se preocupa por el talento y el valor humano, y no en el género, religión, origen étnico, estado de salud e ideología.

Como líderes, nuestro reto es asimilar estos cambios y modelar nuestra actitud de bienvenida a ellos en nuestros entornos de influencia. Los seres humanos somos distintos en muchos aspectos, pero todos tenemos la capacidad de unir fuerzas y talentos para lograr objetivos. La realidad demuestra que el desempeño organizacional de los grupos diversos e inclusivos rebasa las expectativas más optimistas y no aprovecharlo sería un error estratégico.

Diversidad e inclusión

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