La premisa que enfatizaremos en este artículo es la que aparece en el título: una empresa es una organización social. ¿Por qué? Porque está conformada por personas, ofrece productos o servicios a personas y se inserta dentro de un sistema social que influye en ella y, a su vez, recibe su influencia.

Cuando un empresario concibe una idea de negocios, por fuerza se enfoca en las necesidades que se propone satisfacer a cambio de dinero. Esas necesidades se localizan en el entorno social. Al mismo tiempo, el empresario requiere personal para cumplir sus objetivos. Ese grupo de individuos trabajadores, en su diaria convivencia, crea un microsistema social interno que en muchos aspectos replica al macrosistema social donde la corporación existe. Además, estos colaboradores también buscan satisfacer sus necesidades a través de su trabajo.

En términos concretos, una empresa tiene cinco públicos indispensables: los clientes, los colaboradores, los proveedores, los accionistas/aliados estratégicos y la comunidad, todos los cuales deben ser atendidos si lo que se persigue es el éxito y la permanencia. El delicado equilibrio entre estos cinco públicos debe ser prioritario para los líderes. El diseño de proyectos y la implementación de estrategias debe tenerlos presentes en todo momento. De hecho, si se les observa con atención, son esos públicos los que revelan el curso de acción que una empresa debe seguir para desarrollarse.

Además de generar riqueza mediante la satisfacción de necesidades, un emprendedor visionario buscará insertarse en el engranaje social; es decir, hacerse de un sitio dentro de su entorno y no solo en términos mercadológicos sino también orgánicos. De esta manera adquiere el compromiso de contribuir al más alto bien de su comunidad, que redunda en su propio beneficio.

Como organización social, la empresa entrega valor y se nutre del valor de su comunidad en una sinergia permanente. Si contrata empleados y les ofrece condiciones óptimas para su evolución integral, patrocina proyectos de investigación e innovación o promueve las mejores prácticas para el cuidado del ambiente, se consolida como miembro activo y positivo para su comunidad. Estas aportaciones siempre serán redituables, sin duda alguna, porque los vínculos de pertenencia y cohesión se fortalecen y fructifican.

Un negocio concebido solo como instrumento generador de dinero para unos cuantos no tiene un buen pronóstico de vida. Esta percepción es estrecha y limitante, carece de perspectiva y aísla a la entidad corporativa de sus públicos internos y externos, de los cuales depende y se alimenta.

Una sociedad puede prescindir de una empresa y buscar otro proveedor de satisfactores. Por el contrario, una empresa simplemente no puede prescindir de la sociedad.

De las empresas que participaron en el ranking “Súper Empresas 2018” el 100% cuentan con políticas, prácticas y/o programas enfocados a temas de Responsabilidad Social. Dentro de este porcentaje, el 33% puntean alto en este factor. Esto nos habla del interés y el compromiso de las empresas con la sociedad, sin embargo, aún falta mucho camino por recorrer.

 

Artículos

Publicado en: Enero 2019

by TOP Companies

La función de la empresa como organización social