Publicado en: Marzo 2020

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Resiliencia, indispensable en momentos de crisis

by TOP Companies

Enfrentar una contingencia de salud como la que hoy se vive en todo el mundo requiere de las personas y de las organizaciones habilidad y disposición para adaptarse a un nuevo entorno y a condiciones adversas… pero además de forma rápida, coordinada y sin afectar su desempeño.

Esa capacidad que tienen los seres humanos para adaptarse de manera positiva a la adversidad, sobreponerse a períodos de dolor emocional, superar los momentos traumáticos y seguir proyectando el futuro tiene un nombre: resiliencia.

Desde hace un tiempo esta habilidad ha ganado notoriedad en el ámbito organizacional, pues las personas resilientes son capaces de manejar los conflictos y problemas, e incluso reponerse con prontitud o resultar fortalecidas de experiencias difíciles como la crisis que enfrentamos por el Covid-19.

Sin duda, el mejor escenario para desarrollar y fortalecer la resiliencia es antes de que se presente una crisis; aunque si ya nos encontramos ahí, como es el momento actual, podemos tomar acciones que permiten acelerar la recuperación emocional.

Expertos coinciden en que la resiliencia, en parte, se trae en los genes, pero también se aprende mediante habilidades de inteligencia emocional. Aseguran que aunque se asocia con el desarrollo saludable de los niños, los adultos también pueden tomar acciones para impulsarla.

Así que si pensabas que las organizaciones y sus líderes poco tienen que ver con desarrollar esta habilidad en los colaboradores, pues te tenemos noticias: ¡es fundamental! Y los momentos de crisis son una valiosa oportunidad para iniciar el cambio.

¿Qué pueden hacer las organizaciones y sus líderes? Fortalecer la resiliencia en ellos mismos y en sus colaboradores, como si fuera un “músculo emocional”.

En principio deben dejar a un lado la cultura del castigo y la culpa, que tan arraigada está en nuestro país, y por contraparte privilegiar la creatividad, la innovación y la flexibilidad en la solución de situaciones cotidianas y de mayor complejidad.

Lo anterior requiere de los líderes saber delegar, brindar confianza y empoderar a sus colaboradores. Ellos, por su parte, se involucrarán más en las operaciones de la organización, actuarán con mayor seguridad, fortalecerán su compromiso, tomarán decisiones pensadas en el equipo e impulsarán cambios positivos.

Todo esto propiciará un cambio en el estado emocional de los grupos de trabajo. Permitirá que líderes y colaboradores enfrenten juntos las situaciones con optimismo, enfoquen su energía a lograr metas, tengan poca frustración si encuentran dificultades y compartan su satisfacción cuando las solucionen.